San Romero de América, Pastor y Mártir nuestro
24 de marzo de 1980-24 de marzo de 2005, se cumple el gran día
de la Pascua de Monseñor Romero: 25 años de su muerte y resurrección
gloriosa en Jesús para la redención de este pueblo. Ahora hubo
celebraciones de toda índole en San Salvador y el resto del país,
parecía más bien una fiesta que un triste recuerdo de alguien
que fue asesinado
hace 25 años. Y es que esta verdad que se enunciará es más
grande que todo el aparato de violencia, opresión y represión
que gobierna al pueblo salvadoreño: ¡ROMERO VIVE!....
LA MUERTE NO TENDRÁ SOBRE ÉL DOMINIO. Sus detractores han quedado
en evidencia, sus actuaciones de tinieblas han quedado a la vista de todos
y todas. Romero es Santo, de eso no hay duda ¿y entonces, que serán
quienes le mataron?. Monseñor Romero, este pueblo se alegra al celebrar
tu Pascua, tu martirio glorioso... ¡Feliz cumpleaños!..... SAN
ROMERO DE AMÉRICA.... PASTOR Y MÁRTIR NUESTRO.
Amigos y amigas lectores, queremos compartir con ustedes el poema de Pedro Casaldáliga "San Romero de América Pastor y Mártir Nuestro" para que lo disfruten y lo lean con el corazón y para que festejen a nuestro gran Profeta, seguidor de Jesús hasta la muerte, hasta dar la vida por sus amigos.
El ángel del Señor anunció en la víspera...
El
corazón de El Salvador marcaba
24 de marzo y de agonía.
Tú ofrecías el Pan,
el Cuerpo Vivo
-el triturado cuerpo de tu Pueblo;
Su derramada Sangre victoriosa
-¡la sangre campesina de tu Pueblo en masacre
que ha de teñir en vinos de alegría la aurora conjurada!
El
ángel del Señor anunció en la víspera,
y el Verbo se hizo muerte, otra vez, en tu muerte;
como se hace muerte, cada día, en la carne desnuda de tu Pueblo.
¡Y
se hizo vida nueva
en nuestra vieja Iglesia!
Estamos
otra vez en pie de testimonio,
¡San Romero de América, pastor y mártir nuestro!
Romero de la paz casi imposible en esta tierra en guerra.
Romero en flor morada de la esperanza incólunme de todo el Continente.
Romero de la Pascua latinoamericana.
Pobre pastor glorioso, asesinado a sueldo, a dólar, a divisa.
Como
Jesús, por orden del Imperio.
¡Pobre pastor glorioso,
abandonado
por tus propios hermanos de báculo y de Mesa...!
(Las curias no podían entenderte:
ninguna sinagoga bien montada puede entender a Cristo).
Tu
pobrería sí te acompañaba,
en desespero fiel,
pasto y rebaño, a un tiempo, de tu misión profética.
El Pueblo te hizo santo.
La hora de tu Pueblo te consagró en el kairós.
Los pobres te enseñaron a leer el Evangelio.
Como
un hermano herido por tanta muerte hermana,
tú sabías llorar, solo, en el Huerto.
Sabías tener miedo, como un hombre en combate.
¡Pero sabías dar a tu palabra, libre, su timbre de campana!
Y
supiste beber el doble cáliz del Altar y del Pueblo,
con una sola mano consagrada al servicio.
América Latina ya te ha puesto en su gloria de Bernini
en la espuma-aureola de sus mares,
en el retablo antiguo de los Andes alertos,
en el dosel airado de todas sus florestas,
en la canción de todos sus caminos,
en el calvario nuevo de todas sus prisiones,
de todas sus trincheras,
de todos sus altares...
¡En el ara segura del corazón insomne de sus hijos!
San
Romero de América, pastor y mártir nuestro:
¡nadie hará callar tu última homilía!
Pedro Casaldáliga
Tomado de www.servicioskoinonia.org